Un amigo de la blogosfera que se convirtió después en amigo real (nada que ver con realeza), me comentó ayer la excelencia de un poema de Amando Carabias. Me he ido a leerlo y lo quiero reproducir aquí para aquellos amigos de mi blog que no conocen el suyo.
Ahora que el miedo azul tirita sobre el mundo,
ahora que nuestro abismo está tan cerca,
ahora que el polvo ensucia todo el aire
y las lágrimas riegan los sudarios,
mi voz pierde sentido si no muere
confundida en el grito del dolor
como cristal clavado en una arteria.
Quizá libar la flor tuvo sentido un día
mientras leía el mundo y su novela
y creí que el futuro de mis pasos,
y de cuantos caminan junto a mí,
podría ser la miel del paraíso
para endulzar la leche que manaba
de los pechos oscuros de la tierra.
Pero hoy nos hace falta un verso como un grito
que crezca calle a calle, piel a piel,
un verso como un salmo sin iglesia
besado por los labios sin orilla
de quienes sólo esperan su ataúd
donde olvidar el llanto de las horas
como una sinfonía de alacranes.
Debería mi voz arrodillarse, y muda
ante el limo de lágrimas y barro,
debería mezclarse con los gritos
olvidando su rúbrica y su gesto,
ser harina, molienda triturada,
apenas dócil hostia donde habite
la esencia del latido de los hombres.
De Amando Carabias