Río Majaceite

Río Majaceite
Río Majaceite a su paso por El Bosque

13 dic. 2018

PAULA



Solo se podían escribir versos tristes aquella noche. A pesar de que las luces de la navidad nos iluminaban, a pesar de que la vida parecía seguir igual que todos los días, a pesar de que el mundo seguía caminando como si no hubiese sufrido herida alguna… a pesar de todas esas apariencias, solo se podían escribir versos tristes aquella noche; solo palabras como desconsuelo, llanto, dolor, podían brotar de nuestros labios… Y las gotas de lluvia que habían venido a humedecer nuestras miradas no eran más que lágrimas caídas de un cielo en el que no brillaban las estrellas ni la luna, solo nuestros ojos enrojecidos por la inmensa pena de haber perdido a un ser querido, por la enorme pena de estar junto a unos padres y a una hermana hundidos en el sufrimiento de ver partir para siempre a quien más se quiere, por quien más se lucha, por quien se está dispuesto incluso a dar la vida. Por eso aquella noche en el firmamento de nuestra memoria, de nuestros pensamientos, solo brillaban los ojos de Paula.

Han pasado desde entonces cortos días y largas noches y el dolor ha seguido latiendo en los corazones de cuantos la querían; el dolor que entonces dejó su partida ha seguido fluyendo incesantemente por las arterias de nuestra vida cotidiana como un río que no suena, que parece no estar, pero que no deja de humedecer nuestros sentimientos. Larga es la vida cuando se echa de menos a un ser tan querido, largo es el tiempo cuando las sonrisas que asoman a los labios no son ya más que muecas que se dibujan para acompañar un saludo. Para unos padres, no solo aquella noche se podían escribir los versos más tristes; cada noche que se viva, la inmensa tristeza solo se verá mitigada por la sonrisa de la hija que quedó y el recuerdo de los ojos de la hija que se fue, el recuerdo de los hermosos ojos de Paula.