Resulta interesante observar el lugar que ocupan los árboles, determinados árboles, en el ámbito de las creencias religiosas. De este asunto se ocupa el libreto elaborado por Pepe Juárez a que venimos haciendo referencia en las dos últimas entradas. El olivo ocupa el centro del paraíso musulmán, "donde brilla eternamente sin fuego ni humo". Los pueblos celtas eligieron el roble como árbol sagrado y aquí encontramos el origen de la tradición de adornar un árbol en Navidad: "Como el roble pierde sus hojas en invierno y parece muerto, los celtas y otros pueblos indoeuropeos le ofrendaban frutos y luces para que reviviera(...) El cambio del roble por el abeto se debe a San Bonifacio, misionero inglés que evangelizó Alemania en el siglo VIII y que derribó un inmenso roble consagrado a Thor para demostrar que no era sagrado ni intangible. El abeto, con su hoja perenne, representaba mejor a Dios, cuya faz nunca se oscurece."
Fotos del Jardín Botánico de El Bosque.4-5-10
Pero esto ocurre así en todas partes. Aquí y en Pekín. Si nos vamos a China, nos encontramos con que se tienen por árboles sagrados "el bambú, el ciruelo y el pino (...) que representan la flexibilidad, la belleza y la verde lozanía (...) las tres cualidades que el taoísmo considera indispensables para vivir una vida sana y longeva". Donde quiera que fijemos nuestra mirada, en cualquier cultura, en cualquier religión, en cualquier tiempo o lugar, el árbol, algún árbol en particular, goza de un fuerte poder de representación simbólica.
Y como tema literario, encontramos árboles en multitud de poemas. Un cantar anónimo muy conocido dice
De los álamos vengo, madre,
de ver cómo los menea el aire...
Alfonso X el Sabio ponía en forma de verso una orden terrible en defensa de los árboles, una orden que prohibía encender fuego para quemar los montes:
Que no pongan fuego para quemar los montes,
e más que otra cosa las encinas.
E al que lo fallareis faciendo,
que lo echen dentro.
No se andaba con chiquitas el sabio rey. Con un sentido más lírico se expresa Rafael Alberti en estos versos que definen al árbol mediterráneo por excelencia:
¿Qué es un olivo?
Un olivo
es un viejo, viejo, viejo
y es un niño
con una rama en la frente
y colgado en la cintura
un saquito todo lleno
de aceitunas.
Podríamos seguir con cientos de ejemplos, una inmensa arboleda puebla nuestra literatura, pero vamos a dejarlo aquí no sea que los árboles no nos dejen ver El Bosque y no sepamos llegar al Jardín Botánico para participar en el encuentro previsto para el próximo sábado día 8 a las 10 de la mañana.