Río Majaceite

Río Majaceite
Río Majaceite a su paso por El Bosque

10 may 2022

Mi tía Teresa y la Memoria Histórica

He dado hoy un paseo por Benamahoma. Al pasar por el Parque de la Memoria Histórica, donde estaba enterrado Fernando Carretero Moscoso, entre otros bosqueños, me ha venido a la memoria una escena que viví en la casa de mi tía Teresa, hija de Fernando, mientras veíamos en la tele el acto con el que se celebraba el entonces conocido como “Día del Caudillo”. Era el 1 de octubre de 1975, la Plaza de Oriente rebosaba, cientos de miles de ciudadanos aclamaban al “caudillo” Franco. 



Parque de la Memoria Histórica en Benamahoma


 

Unos días antes, el 27 de septiembre, dos miembros de ETA y tres miembros del FRAP habían sido fusilados, a pesar de las múltiples manifestaciones celebradas por toda Europa y de los numerosos pronunciamientos de Jefes de Estado del mundo en contra de esas ejecuciones. Como consecuencia de esos fusilamientos, miles de ciudadanos se echaron a la calle en las capitales europeas en contra del régimen franquista; pero en España, miles de ciudadanos también se manifestaron en apoyo del dictador en la Plaza de Oriente. La TVE 1, la única entonces, retransmitía esa manifestación. Se oían gritos de apoyo a Franco. Cuando el dictador salió al balcón del Palacio Real que da a la plaza, acompañado de su esposa, de los príncipes Juan Carlos y Sofía, y de un nutrido grupo de autoridades, los manifestantes clamaron fervorosos. Poco después se oyó una voz que dijo: “¡Atención, españoles, habla Su Excelencia el Jefe del Estado!”. Se hizo el silencio y Franco, desde el balcón, empezó a hablar: “Todo lo que en España y en Europa se ha armado, obedece a una conspiración masónica-izquierdista de la clase política, en contubernio con la subversión comunista-terrorista en lo social que si a nosotros nos honra a ellos les envilece...” La multitud aplaudía y al finalizar Franco su discurso, se oyó al público cantar el “Cara al sol”, el himno falangista. Al oír ese canto, mi tía Teresa, temblorosa, me pidió que quitara la televisión, que no podía escuchar eso. Quité la tele y le pregunté qué le pasaba. Ella me contó lo que había vivido en su casa un anochecer del mes de septiembre de 1936. Su madre, su padre, ella y su hermana María cenaban; la hermana pequeña, Antonia, gateaba en el suelo. Se oyeron dos golpes en la puerta entreabierta de la casa y entraron dos vecinos conocidos del pueblo (me ahorro decir sus nombres); uno de ellos dijo: “Fernando, vámonos”.  “Mi padre no preguntó adónde lo llevaban. Ya lo sabía. Se levantó lentamente. Sacó de su bolsillo un mechero de yesca y alguna moneda, que dejó encima de la mesa. Cogió en brazos a mi hermana pequeña y le dio unos besos. Salió a la calle. El grupo de falangistas que le aguardaba fuera, armados con fusiles, cantaba el ‘Cara al sol’, esa misma canción que estaba sonando ahora en la televisión y que yo no puedo escuchar; se me quedó grabada para siempre. Mi madre, mis hermanas y yo –siguió contándome mi tía- nos quedamos en la casa, abrazadas y envueltas en el miedo y el vacío de la ausencia del padre. Mi padre, un trabajador del campo que había cometido el "delito" de pertenecer a un sindicato y de ayudar a sus compañeros, no volvió nunca más, ni siquiera su cuerpo muerto”. Mi tía me contaba aquello con lágrimas en los ojos.

 


Lugar donde fueron enterrados los bosqueños asesinados

La misma escena, o parecida, se produjo en otros hogares de El Bosque en aquellas fechas. Las manos asesinas se llevaron también a Juan Gil, a Antonio Marchante, a Francisco Oliva, a Antonio Sarmiento, a Fernando Romero, a Juan Franco Mateos, a Manuel Trujillano... y a muchos más. Se los llevaron al pueblo más cercano, Benamahoma, y los fusilaron contra la pared de la iglesia. Allí quedaron sus cuerpos, en un agujero de pretendido olvido, cubiertos con cal y tierra. Pero ni la cal ni la tierra ni el tiempo han conseguido que su memoria desaparezca del recuerdo de las personas que los quisieron y que han tenido que vivir sin ellos.

 

Las mismas escenas debieron producirse en pueblos cercanos. De Ubrique, de Benamahoma, trajeron a El Bosque, a las tapias del cementerio a otras personas, para fusilarlas y dejarlas allí enterradas en una fosa común. Los bosqueños fusilados en Benamahoma siguen allí, los de los municipios de Ubrique y Benamahoma sepultados en El Bosque fueron exhumados, devueltos a sus respectivos municipios y dignamente enterrados en lugares donde hoy sus familiares pueden acudir, aunque solo sea a ver sus nombres y a ponerles unas flores.


Placa homenaje con los nombres de los vecinos de Benamahoma fusilados en El Bosque

Esta labor se realizó entre los años 2004 y 2005, fuimos el primer pueblo en excavar una fosa en Andalucía. Todo empezó con una obra de ampliación del cementerio, que afectaba a la zona donde estaba la fosa. La noticia de que allí estaba, dada por Pepe Vázquez, uno de los testigos de aquellos indignos enterramientos, nos hizo parar la obra e iniciar los trabajos necesarios para recuperar a los allí enterrados, un total de 24 personas de Benamahoma y Ubrique, cuyos restos, una vez terminados los trabajos, fueron trasladados a sus respectivos municipios y entregados a sus familiares. Los restos de los bosqueños asesinados en Benamahoma siguen allí, rescatados de la fosa, pero aún pendientes de ser trasladados a su pueblo.

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