PAISAJES HUMANOS/ FOTOS CON HISTORIA

XXXIII



Jesús Janeiro Bazán es Jesulín, el famoso torero. En esta foto, que es una escena cotidiana, Jesús y el amigo Pedro son dos ciudadanos que esperan en la puerta de la farmacia de El Bosque, probablemente para recoger algún medicamento que alguien de la familia necesita. En esta imagen no aparece Jesulín como el personaje público, rodeado de periodistas y cámaras que intentan arrancarle respuestas a preguntas impertinentes, sino el vecino de El Bosque que saluda, charla con conocidos, va a la compra o al banco. En el pueblo, Jesús es un vecino más; nadie le pide autógrafos ni fotos ni le dispensa un trato especial, porque forma parte de los paisajes humanos que se dibujan cada día en nuestras calles.

PASEOS POR... LA SIERRA DE CÁDIZ

La Ruta del Boyar

Hace ya casi un año. Fue el día 20 de diciembre de 2008. Dirigimos nuestros pasos de senderistas hacia un lugar conocido como El Boyar, una pequeña finca situada entre El Bosque y Grazalema, donde viven dos personajes entrañables, Antonio y Bartolo, hermanos pero diferentes, muy diferentes. Una caminata de pocos kilómetros separa nuestro mundo del de ellos, pero una infinita distancia existe entre nuestras formas de vida y las suyas.


Antonio y Bartolo viven juntos, pero no revueltos; cien metros separan sus respectivas casas; cada uno en la suya y Dios en la de los dos. Antonio va camino de los ochenta años, Bartolo ya los ha rebasado. Antonio tiene mundo, ha pasado muchos años trabajando en Suiza; Bartolo ha vivido entre la casa que tiene en el pueblo y este paraíso en el que ve pasar los días rodeado de sus gallinas, sus cabras, y su hermano Antonio allí enfrente; ese ha sido y es su universo, que durante el día luce todos los colores verdes que imaginarse puedan y de noche se corona de un cielo negro sembrado de estrellas.

Antonio................................... Su casa
Hemos visitado primero a Antonio. Nos hemos sentado un rato con él a la puerta de la casa y nos ha hablado de su vida en Europa, de cómo son allí las cosas, con palabras de erudito, muy bien hablado; nos ha querido transmitir sus vivencias, lo que él sabe. Le he preguntado a Antonio que por qué no viven los dos hermanos juntos en una de las dos casas; él me ha contestado que lo que pasa es que su hermano "es muy trabajoso" y cada uno quiere tener su libertad. No obstante, se llevan bien. Cuando nos despedíamos nos ha invitado a volver otro día y a compartir una paella con él. En eso quedamos, pero ya ha pasado casi un año y aún no hemos cumplido nuestra promesa de volver. Seguro que volveremos y haremos la paella.
...................................................Bartolo
Nos hemos ido después a casa de Bartolo. Nos ha recibido con la alegría propia del buen hombre que es. Se ha excusado porque tenía que atender un momento a sus cabras y se ha ido; pero antes nos ha puesto sobre la mesa una bandeja llena de nueces para que las probásemos. Las nueces son de sus nogales, espléndidos árboles que se levantan junto a la casa y que dan fresca sombra en verano y nueces en el otoño.

Bartolo es genial. Aquel día le acompañaba un amigo de su edad, Juan el Cañino, y los dos se pusieron a contarnos historias de épocas ya muy lejanas. El tiempo fue pasando entre nueces y charlas; llegó la hora del regreso y emprendimos la vuelta con la idea de repetir la visita otro día a aquel trocito de cielo, del que Antonio y Bartolo son sus dos ángeles custodios.

PAISAJES URBANOS

IV

A la calle Sevilla le ha crecido una sonrisa en su parte más alta. Una pequeña placita donde juegan los niños que por allí viven mientras sus madres y sus padres charlan plácidamente. Un breve paseo acompaña a la calzada de la calle en su tramo final. Una abuela, Frasquita, rodeada de niñas, se solaza contemplando sus recuerdos bajo la luz otoñal de sus miradas y de la tarde.
Una de las mejores actividades culturales que se organizan en El Bosque y que más se ha consolidado en los últimos años es el ciclo de Teatro en Otoño. El pasado sábado día 14 de noviembre tuvo lugar la representación de la obra "La muy divertida comedia y cruelísima muerte de Píramo y Tisbe", por la compañía "Teatro Decaulión". Realmente fue divertida y nada cruel, como se puede ver en el vídeo de abajo.

El próximo día 28 de noviembre la compañía Bombastic Teatro representará "El Lazarillo de Tormes", a la que quedan invitados todos los blogueros que me visitan; no invito a los que no me visitan, porque no se van a enterar.

POEMAS

Quedarán de mí estos versos que escribo.
Los días irán borrando las huellas
de mis pasos, los senderos que abrí
desbrozando páginas del destino.
Seré solo un recuerdo
cubierto de distancia
de alguien que leyó mi nombre en un libro.
Solo eso seré.
Ni el eco de una música,
ni el aire de un suspiro.

Vendrán duros soles y blandas lunas
a repintar de luces el olvido
y mi espíritu habitará en el aire
de estos bosques de ensueño,
creados por el dios Albarracín
para ofrecer a las almas cobijo.
Mis sueños serán rojizos madroños,
hojas verdes mis ojos,
mi presencia estos troncos retorcidos.

Muchos dirán que he muerto
cuando vean mis párpados cerrados;
solo quien por esta floresta pase
y tenga alma de poeta o de niño,
sentirá que en el musgo de las piedras,
en el suelo y la sombra del camino,
en la luz que de estos árboles llueve,
seguiré estando vivo.

COMENTARIOS SOBRE LO DIVINO Y LO HUMANO

13 de noviembre de 2009
Dicen que un día como hoy de 1930 se apareció en Portugal la Virgen de Fátima.


Ana nació para cuidar y ayudar a los suyos. Vivió una dura infancia, en la España de la postguerra. Desde casi que nació tuvo que trabajar para ayudar a sus padres. Fue creciendo y ayudaba a su madre con los dos hijos más pequeños, y trabajaba fuera de casa para traer a ella lo que buenamente podía. Se casó joven y parió pronto dos hijos, su marido jornalero; los dos fueron juntos sacando adelante la familia; ella cuidaba también a sus padres, ya viejos. Sus hermanos se fueron a trabajar a Alemania, como tantos otros. Volvieron al cabo de muchos años. Ana se quedó viuda relativamente pronto; uno de sus hermanos contrajo hace unos años la enfermedad del alzheimer también demasiado pronto, con poco más de cincuenta años. Ana lo cuida, no se pueden imaginar cómo lo cuida, como si fuera un niño, con mimo de madre, con un corazón que no le cabe en el cuerpo. Pero ella ya casi no puede, no le quedan fuerzas, aunque las saca de donde no las hay. Lo levanta, lo sienta, le da de comer, le administra los medicamentos, lo lava, hace la comida, va a la compra... Ahora, gracias a la Ley de Dependencia, una mujer le ayuda durante algunas horas del día. (La Ley de la Dependencia es de las mejores medidas que haya podido tomar un gobierno.) Pero a pesar de todo, Ana ya no puede seguir con esa tarea, está desgastada como los labios de un cántaro viejo, como dijera un amigo en lograda expresión. Y me lo confesaba ella, me lo decía mientras levantaba a su hermano Paco de la cama, ayudada por un extraño artilugio -una especie de pequeña grúa- y la auxiliar de ayuda a domicilio que le acompañaba. Una vez que pudo sentar a su hermano en el sillón para él reservado, lo peinó y le echó un poco de colonia en el pelo. Paco, sentado ante el televisor, miraba a ninguna parte; yo me fui y Ana se quedó preparándole algo para cenar.

REPOSICIÓN: PASEOS POR EL ALBARRACÍN

El pasado mes de agosto nos sorprendió por estos lares una tormenta que -en medio del asfixiante verano- nos regaló unos cuantos días otoñales. Por contra, parece que este otoño se está tomando la revancha y tiene comportamientos de estío.
Al regreso de uno de los paseos de aquellos veraniegos días de tormenta, la pluma quiso describirlo y vertió sobre el papel lo que a continuación podéis leer.
Ruta del Pilar con tormenta
(ejercicio literario)
La tarde del diez de agosto fue trenzando nubes en su cabellera rubia y azul. El sol paseaba entre celestes senderos y alfombras grises cargadas de lluvia. En la distancia se oían rodar enormes toneles de maderas nobles. El aire olía a futura lluvia y a otoño lejano. Una campanada anunció la hora, las seis y media, y un ligero tamborileo de gotas sonó en los cristales de la ventana que alumbraba mi lectura.
video
El Monte Albarracín lucía limpios verdes y mechones amarillos, y llamaba con susurros de brisa fresca. Sus llamadas robaban al libro mis ojos. El reloj de la plaza habló nuevamente y pronunció siete sílabas de bronce. Pensé que sería hermoso empaparse de esta prematura lluvia en el Monte y oir desde allí las siguientes campanadas del reló.
Dicho y hecho. Húmedos perfumes otoñales envolvían el bosque de encinas y pinos; los lentiscos exhalaban suspiros de lentisquina. Mis pasos anduvieron sobre ocres veredas blandas hasta llegar al pilar en cuyo rostro las gotas de lluvia peinan rizos de luz. En el cielo algún arcángel modelaba figuras de humo y niebla que llovían sobre todas mis miradas.

Ocho zarcillos de bronce surcaron el aire de la tarde. Había ya pasado casi una hora desde que inicié el paseo. El quejigo de los cuentos de brujas y hadas me estaba esperando donde siempre; pero el musgo del último invierno había huido de su corteza buscando la humedad del suelo sin encontrarla.

En el horizonte, los amarillos pajizos del verano desmentían los mensajes que el otoño enviaba. Descendía la vereda hacia el final del recorrido y a cada paso iba creando nostalgias y deseos de volver a empezar la ruta.

Pero ya la luna quería ser reina, ya venía a apagar las luces de las higueras y de los cornicabros, a cubrir de plata la roja sangre del día. Y cuando la luna se empeña, ni todos los buhos juntos se atreven con sus luminosos ojos a negarle oscuridad a la noche.


IMÁGENES EN, DE Y DESDE EL ALBARRACÍN

Madroño rima con otoño (y con eso también). Una rima rica, un rico fruto que llega a la madurez precisamente en esta estación. Redondo y rojo, rugoso, amarillo por dentro; de sabor entre ácido y dulce, contiene alcohol cuando está muy maduro y comido en grandes cantidades, emborracha. Si pinchas AQUÍ viajarás al álbum fotográfico dedicado al Monte Albarracín y te encontrarás con la foto de tres madroños rojos que, tras inmortalizarlos, me comí a media tarde del día 14 de noviembre de 2008.

Madroño también se le llama al árbol que produce este fruto. Es de porte habitualmente mediano, aunque puede alcanzar hasta los 8 metros de altura. Animales como el zorro y pájaros como el mirlo o el zorzal, son aliados de él, pues ingieren sus frutos y diseminan así sus semillas, contribuyendo de esa manera a su expansión.

Las hojas del madroño son astringentes -una buena receta para nuestra bloguera de "La casa de Novicia Dalila"-; el preparado es de fácil elaboración: 30 gramos de hojas secas hervidas en un litro de agua durante quince minutos; luego, una vez que ese líquido se enfría, se toman tres o cuatro tazas diarias. Este mejunje también es bueno para las dolencias del aparato urinario y de los riñones.

Los bereberes del Norte de África plantan madroños cerca de sus casas, porque consideran que este árbol ahuyenta los malos espíritus; en el Monte Albarracín de El Bosque hay un inmenso bosque de madroños, en el que ciertamente solo habitan espíritus divinos; sus senderos, en esta época, se tiñen de rojo y la tenue luz que dejan pasar las copas de estos árboles desciende como una lluvia de breves espejos azules, verdes y rojizos.

COMENTARIOS SOBRE LO DIVINO Y HUMANO

7 de noviembre de 2009

Un día como hoy de 1917 estalló en Rusia la llamada "Revolución de Octubre", que terminó instaurando el régimen comunista en dicho país.

"Platero es pequeño, peludo, suave, tan blando por fuera que se diría todo de algodón, que no lleva huesos..." ¿Quién no ha leído ese maravilloso poema en prosa que es Platero y yo? Habrá mucha gente que aún no ha tenido la oportunidad de leerlo; pero de lo que estoy seguro es de que hay una manada de energúmenos con dos patas, vecinos de un pueblo de Cáceres llamado Torreorgaz, que no lo han leído nunca ni saben que existe este libro de Juan Ramón Jiménez.

En dicho pueblo, los jóvenes celebran su mayoría de edad organizando durante varios fines de semana consecutivos fiestas y "gamberradas". ¿Saben en qué ha consistido una de las últimas? El jueves día 29 del pasado mes de octubre, estos valientes chicarrones robaron una burra que se encontraba en el corral de su dueño, se la llevaron amparados en la oscuridad de la noche, la apalearon entre risas y chanzas hasta dejarla moribunda y le introdujeron luego en el recto una de las estacas empleadas en la humana paliza. ¡Cómo se divirtieron estos chavales! La burra, lógicamente, murió abandonada en una cuneta de las afueras del pueblo. Los diez jóvenes protagonistas de esta salvajada, de diecisiete años, en vísperas de cumplir los dieciocho, se preparaban así para convertirse en un futuro no muy lejano en maridos y padres maltratadores; este era su rito iniciático para alcanzar con el tiempo un alto grado de perfección en otros tipos de violencia, en la de género entre otras.

Los habitantes de Torreorgaz no merecen aparecer en los medios de comunicación por este hecho; seguro que la inmensa mayoría de ellos son buena gente, pacífica y amante de los animales; pero en todas partes cuecen habas y en ningún lugar falta gente del tipo de estos diez jóvenes, a los que yo, además de imponerles la pena que la Ley contemple para estos casos, le añadiría la obligación de leer el precioso libro de Juan Ramón Jiménez, placentera lectura para cualquier persona, castigo para estos cafres que por lo que se deduce de sus acciones, deben ser alérgicos a cualquier actividad que tenga que ver con el uso de la inteligencia.