Las caras de BélmezBélmez de la Moraleda es un pequeño pueblo, de calles estrechas, diseñadas para poner en apuros al mejor de los conductores; recorrer su trazado urbano con un coche y que el vehículo salga ileso es una proeza. Al parecer, en Bélmez -pueblo jiennense perteneciente a la comarca de Sierra Mágina- son alérgicos a las señales de dirección prohibida y ello hace que se circule libremente por todas las calles, algunas de ella a todas luces no aptas para el paso de coches. Ajenos a esas dificultades, nos lanzamos a la aventura de buscar sobre las cuatro ruedas, la casa donde aparecen dibujadas en el suelo las famosas y misteriosas caras de Bélmez, que en los años 70 fueron todo un acontecimiento mediático en nuestro país.

Puerta de la casa de las caras
Después de andar perdidos durante un rato haciendo maniobras con el coche, preguntando por la dichosa mansión de las caras, tuvimos la puntería de pedir información sobre la ubicación de la casa, precisamente a la señora que tiene la llave y que acompaña a los curiosos a visitarla. Así que, la mujer, aunque no era hora de visita, solícita, nos condujo hasta el ansiado lugar. Entramos y la señora, muy habituada a ello, se puso a darnos explicaciones y a señalarnos con un palo que le servía de puntero, las imágenes que en el suelo se adivinaban: caras de mujer, de hombres, una muchacha vestida de novia, un niño, un cerdo... "La visita es gratuita, no hay que pagar nada", había respondido la mujer a nuestra pregunta; pero encima de la mesa del pequeño salón de la casa había una bandejita plateada con un billete de diez y otro de cinco euros. Se trataba de una indirecta, de un mensaje subliminal que había que interpretar como "no se cobra nada, solo la voluntad". Nuestra voluntad ascendió a cinco euros.

Esta es la figura de una muchacha vestida de novia.
¡Busca, busca, que está!
A mí este rostro me parece de Cervantes o de Góngora
Puerta de la casa de las caras
Después de andar perdidos durante un rato haciendo maniobras con el coche, preguntando por la dichosa mansión de las caras, tuvimos la puntería de pedir información sobre la ubicación de la casa, precisamente a la señora que tiene la llave y que acompaña a los curiosos a visitarla. Así que, la mujer, aunque no era hora de visita, solícita, nos condujo hasta el ansiado lugar. Entramos y la señora, muy habituada a ello, se puso a darnos explicaciones y a señalarnos con un palo que le servía de puntero, las imágenes que en el suelo se adivinaban: caras de mujer, de hombres, una muchacha vestida de novia, un niño, un cerdo... "La visita es gratuita, no hay que pagar nada", había respondido la mujer a nuestra pregunta; pero encima de la mesa del pequeño salón de la casa había una bandejita plateada con un billete de diez y otro de cinco euros. Se trataba de una indirecta, de un mensaje subliminal que había que interpretar como "no se cobra nada, solo la voluntad". Nuestra voluntad ascendió a cinco euros.
Esta es la figura de una muchacha vestida de novia.
¡Busca, busca, que está!
A mí este rostro me parece de Cervantes o de Góngora
Una cara de mujer
Las caras de Bélmez fueron un fenómeno social en los últimos años del franquismo; las autoridades de la época las descalificaron tildándolas de falsas y se aplicó incluso la censura sobre las noticias que hablaban de este tema. Aparecieron por primera vez en 1971, descubiertas por María Gómez, la dueña de la vivienda, en el suelo de su cocina, y sobre el asunto ha habido opiniones para todos los gustos: desde los que hablan de un fenómeno paranormal hasta los que las califican de burdo fraude; desde los que defienden que aparecen de forma natural las caras sobre el cemento del suelo, hasta los que aseguran que lo que es de cemento es la cara de algún espabilado que anda alrededor de este fenómeno. En fin, yo solo doy fe de que allí estuve, vi figuras y las fotografié con permiso de la señora. Y la verdad es que a mí me pareció que allí había mucha cara.
Las caras de Bélmez fueron un fenómeno social en los últimos años del franquismo; las autoridades de la época las descalificaron tildándolas de falsas y se aplicó incluso la censura sobre las noticias que hablaban de este tema. Aparecieron por primera vez en 1971, descubiertas por María Gómez, la dueña de la vivienda, en el suelo de su cocina, y sobre el asunto ha habido opiniones para todos los gustos: desde los que hablan de un fenómeno paranormal hasta los que las califican de burdo fraude; desde los que defienden que aparecen de forma natural las caras sobre el cemento del suelo, hasta los que aseguran que lo que es de cemento es la cara de algún espabilado que anda alrededor de este fenómeno. En fin, yo solo doy fe de que allí estuve, vi figuras y las fotografié con permiso de la señora. Y la verdad es que a mí me pareció que allí había mucha cara.
En la pared de la casa,
la foto de María Gómez.