A mí no me gustan las aceitunas, pero el aceite de oliva me encanta, soy aceiteadicto. Puse en su momento mi granito de arena para que los aceites de la zona donde vivo, la Sierra de Cádiz, obtuviesen su denominación de origen, un marchamo de calidad que supuso una mejor valoración del producto que los pequeños olivareros de esta comarca con tanto esfuerzo crean. Por eso me duele especialmente que algunos desalmados jueguen con el buen hacer de muchos productores y deterioren la buena imagen que el aceite de oliva ha conseguido. La OCU ha denunciado ciertas prácticas fraudulentas y los consumidores deberíamos tomar buena nota y hacer un boicot a esas marcas que intentan meter gato por liebre.
Y ya que hablamos de aceite, palabra que hunde sus raíces en la semita zait (olivo), en el hebreo zeit (olivo), que los árabes transforman en az zayt (aceite) para hacérnosla llegar a nosotros en la forma que todos conocemos, voy a mostrar el rudimentario invento que un amigo ha ideado para machacar aceitunas. El invento, aunque tiene sus detractores, también tiene sus valedores. Juzguen ustedes mismos.