Río Majaceite

Río Majaceite
Río Majaceite a su paso por El Bosque

30 ene. 2012

UN POEMA DE PACO CIFUENTES PARA PACO LÓPEZ

El amigo Paco Cifuentes me ha enviado un poema para que yo se lo dé a otro amigo suyo (y mío), Paco también de nombre, López de apellido; un hombre que llegó a El Bosque hace unos años buscando un lugar donde encontrar amigos, salud y paz. Y se quedó. Vive Paco solo en el llamado barrio del Quejigo, pero tiene vecinos que, de vez en cuando, le dan compañía. A Paco se le ve andar por las calles del pueblo, sentado con amigos en bares, delante de una vaso de tinto y en medio de su interminable y amena conversación. Paco habla mucho y él se justifica diciendo que como pasa demasiado tiempo solo, cuando está con alguien tiene que aprovechar para decirlo todo. Pero su conversación siempre es interesante porque su experiencia es larga y diversa.

Le he llevado el poema que a mi correo me envió el otro Paco, el Cifuentes, la noche del pasado domingo, fría y solitaria; he llamado, pero no me abrió, estaría ya dormido, así que se lo eché por debajo de la puerta pensando que al amanecer Paco se llevaría una gran alegría al leer los versos que aquí debajo aparecen:

Para Paco López

PALABRAS DE UN AMIGO

(I)

Comparte

que lo que no se da

se pierde.

Y quédate un par de chistes

que no hayas contado a nadie.

Por si algún día te quedas solo.

Y en el mejor de los casos,

se los puedes contar

a tus amigos, todos calvos,

después de tanta lluvia.

Como un farol

que se saca

uno de la manga

en la escalera

hacia el cielo.

(II)

Busca algo que no te canse y tenle respeto.

Porque puede ser que no te quede un día nada más.

Un día amaneces y eres algo que no quiere

lo que le rodea o corres a esconderte

con miedo.

Todo el ruido de yupis, los coches y los héroes, las estrellas concertadas.

El país lo dirigen nenes con entradas y mucha cara,

en vez de abuelos calvos, joder,

de sabios borrachos si quieres;

pero de “tíos que hayan vivido o tengan mucha intuición,

o inteligencia emocional como lo llaman ahora.

A las crestas de sus olas hay que correr a montarse, joder.

Siento que casi todo me sobra al despertar

si no me duele ningún hueso

y con suerte un día a la semana

quedo para llorar de risa

con un amigo.

18 ene. 2012

EL PUERTO DE LA MORA

La obligación me llevaba el pasado lunes de Sevilla a Almería. Y me devolvió, al atardecer, a Sevilla. Cuatro horas de ida, cuatro horas de vuelta, dan para mucho; dieron para tanto que pasé del sol a la nieve y de la nieve a la lluvia; de la conversación, al silencio; de proyectos de futuro a recuerdos. Al pasar por el Puerto de la Mora, recordé un viejo romance, una de esas joyas que la literatura nos regala,"La cautiva", y lo dije a medias en medio de un fuerte temporal de nieve que nos recibió cuando subíamos por entre aquellas montañas; no recordaba todos sus versos, solo algunas estrofas, pero es tan bello que se me ha ocurrido ponerlo en esta entrada para que lo disfrutéis si os place. Las fotos y el vídeo muestran el paisaje que íbamos viendo.


En los montes más oscuros
que tiene la morería
había una mora lavando
al pie de la fuente fría...


Vio llegar a un caballero,
de tierras desconocidas...

(...)

- Apártate mora guapa
apártate mora linda
que va a beber mi caballo
de ese agua cristalina.

(...)

- ¿Te quieres venir conmigo
a los montes de la oliva?

(...)


La ha montado en su caballo
la lleva para la oliva
Y al llegar aquellos montes
la mora llora y suspira.

- ¿Por qué lloras mora guapa
por qué lloras mora linda?

- Lloro porque en estos montes
mi padre a cazar venía,
con mi hermano Bernabé
y yo en su compañía.
- Lo que oigo Virgen Santa,
lo que oigo madre mía.
Pensando traer una esposa,
traigo a la hermana querida
que cautivaron los moros
el día de Pascua Florida.

12 ene. 2012

EL CANCHO CABALLO

Todos tenemos lugares que, por una u otra razón, nos resultan especialmente entrañables o mágicos o que nos mueven a la nostalgia. Para mí hay uno que me produce todos esos sentimientos, un lugar que llamamos Cancho Caballo y que corona el paisaje de mi pueblo desde muchas perspectivas. Alguna vez he dicho que no me importaría dormir allí el sueño que nunca termina. Pero mejor no hablar de eso ahora.


Todos los años, desde hace muchos, el sábado después de la fiesta de los Reyes, un grupo de amigos subimos a tan bello lugar, hacemos un reportaje fotográfico desde lo más alto de las crestas de este galayo y allí nos sentamos a charlar sobre lo divino y lo humano. En aquel lugar nos sentimos reyes de todo el espacio que nos rodea y dan ganas de volar; pero nos reprimimos las ganas porque las consecuencias de no hacerlo podrían ser desastrosas.

Mi amigo Pedro en plena escalada
Vista parcial de El Bosque
La Sierra del Pinar, punto más alto de la provincia de Cádiz,
vista desde el Cancho Caballo

Este año nos ha acompañado el buen tiempo, una atmósfera limpia nos ha facilitado la labor fotográfica y un sol tibio nos invitaba a quedarnos allí más tiempo del que nos podíamos permitir.

Un acebuche nacido en la roca

Luciano Pavarotti no vino con nosotros, pero sí pone su voz a esta resumen fotográfico.

4 ene. 2012

UNA TARDE EN EL PARAÍSO

¡Qué descansada vida
la del que huye del mundanal ruïdo
y sigue la escondida
senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

He hecho caso a Fray Luis de León y este día del recién nacido enero me he ido por esa senda de la que él habla, no por sabio, que no lo soy, sino por la necesidad de despejar la mente y de disfrutar de la maravillosa tarde que en el monte puede verse, olerse, oírse... La senda me ha llevado (no hay novedad) a un paraje del Monte Albarracín. Me he llevado la cámara de fotos y el libro que ahora leo, "La noche del Rey", de Jorge Alcalde; una novela ambientada en la Guerra de la Independencia y que en varios de sus capítulos tiene como escenario El Bosque, mi pueblo, con motivo de la noche que aquí pasó el hermano de Napoleón, Pepe Botella, José I, rey entonces de España, de la España ocupada por las tropas napoleónicas. (Cuenta la historia que cuando llegó José I a El Bosque, el 27 de febrero de 1810, no hubo nadie esperando para recibirlo y agasajarlo; el pueblo, temeroso de que las tropas francesas volvieran a cometer los desmanes que días antes habían cometido, permaneció escondido en sus casas o se refugió en el Monte Albarracín a la espera de que el rey y su séquito desaparecieran.)


Los sonidos del campo han acompañado la lectura: las esquilas de las cabras, el cacareo de unas gallinas, el ladrido lejano de un perro, el silencio de las vacas con sus ojos melancólicos, el balido de pequeños chivos que jugueteaban sobre las rocas de su corral, los bufidos de dos burros que se disputaban un espacio donde pastar...


Tras una no muy larga caminata y un rato de lectura, el sol se ha ido poniendo rojizo y a esas horas de la tarde ocurre que en las laderas de ese paraje, en determinadas épocas del año, las sombras de los árboles, habitualmente grises, se tornan verdes, cada vez más verdes, verde esmeralda, hasta que la luz desaparece.

El ocaso ha pintado sombras verdes
en las laderas de las Lomas.
Desde un horizonte de playas
el sol levanta hacia el cielo trompetas rojas...

He regresado ya casi de noche con la cámara y la memoria repleta de imágenes. Si a alguien le apetece disfrutar de algunas de esas imágenes, amenizadas con la voz de Amancio Prada, aquí puede verlas.