Río Majaceite

Río Majaceite
Río Majaceite a su paso por El Bosque

28 ago. 2013

PUESTA DE SOL

En recuerdo de la amiga Dilaida

                                                                                                                            
Puesta de sol en Cádiz


"Hace tiempo, allá lejos,
puse los pies en un país tan claro
que hasta la noche era fosforescente:
sigo oyendo el rumor de aquella luz,
ámbar redondo es todo el cielo:
el azúcar azul sube del mar."



PABLO NERUDA


12 ago. 2013

UNA PUESTA DE SOL EN "LA CALETA"

Cádiz es una maravilla. La ciudad de Cádiz es preciosa. Pequeña, salada y dulce a la vez. Cada mañana el mar la viste de azul y el sol la adorna durante todo el día con una luz tierna, húmeda y transparente que inunda todos los sentidos. 



En Cádiz hay paisajes donde elegir, así que una tarde de este caluroso agosto me fui a la Caleta, a disfrutar del precioso entorno de esta coqueta playa que enamoró a fenicios, a cartagineses y a romanos y a la que los atardeceres le pintan colores irreales, de esos que solo en sueños pueden verse. Una temprana brisa aliviaba  ya la tarde de la calor del mediodía y alimentaba paseos sosegados y sonrientes, juegos de niños y besos de parejas que veían en sus ojos los vuelos de las gaviotas y los destellos de un sol que buscaba los horizontes del mar. El paseo nos subió al castillo de Santa Catalina, a lo más alto de sus terrazas, a contemplar los abrazos de agua y luz que el sol y el mar se dan cada tarde antes de que la noche bañe de plata y de oscuros perfumes las miradas de los ángeles.  

 


El sol se disolvió lentamente en suspiros rojos. La voz cercana de un niño gritó: "Papá, el sol se ha ahogado". La luna empezó a borrar rojos y azules y a amamantar con sus reflejos los rizos de las olas que mecían barcas y bañaban su espuma en los silencios de la arena.

2 ago. 2013

SE NOS HA MUERTO BARTOLO

Ha pasado en varias ocasiones por estas páginas y lo conocéis muchos de los que me visitáis. Tenía 88 años, en septiembre hubiera cumplido 89. Pero ayer por la mañana, en su casa del Boyar, en medio de aquel paraíso, le entregó su último suspiro a un amigo con el que iba a venirse al pueblo, a Benamahoma. De su casa al carril donde le esperaba el coche hay una empinada vereda. Cuando ya estaba arriba se sentó y murió. Llevaba a cuestas un ligero equipaje -como me comentó el común amigo Rodrigo Olmedo-, un saco con algunas ropas y nada más. Bartolo vivió siempre con lo justamente necesario, pero rodeado de una rica naturaleza y de familiares y amigos que lo querían.

Así lo grabé un día de febrero del año 2011:


El pasado lunes habíamos ido a visitarle. No estaba en su casa, pero de regreso nos lo encontramos no lejos de ella, sentado al sol, junto a un olivo. Tenía frío, nos dijo. Le vi la muerte en la cara, le costaba hablar y no era el Bartolo de siempre; se le notaba cansado. Cuando nos alejamos de él, comenté que tenía el presentimiento de que le quedaban días de vida. Estuvimos con él un rato y le grabé estos fragmentos de la última conversación que con él mantuvimos:




Un hombre bueno se nos ha ido. Su alma permanecerá enredada en estos paisajes que le han visto nacer, vivir y morir.