Río Majaceite

Río Majaceite
Río Majaceite a su paso por El Bosque

11 mar. 2013

¡QUÉ PECHÁ DE AGUA!

La lluvia es un fenómeno meteorológico encantador. Es hermoso ver llover sobre los campos, detrás los cristales, como cantaba Serrat en una se sus canciones; la poesía está llena de versos impregnados de imágenes de lluvia. Decía Jorge Luis Borges



Esta lluvia que ciega los cristales 
alegrará en perdidos arrabales 

las negras uvas de una parra en cierto 

patio que ya no existe. La mojada 

tarde me trae la voz, la voz deseada, 
de mi padre que vuelve y que no ha muerto.

Y Federico le cantaba así en uno de sus poemas



¡Oh lluvia silenciosa que los árboles aman

y eres sobre el piano dulzura emocionante;

das al alma las mismas nieblas y resonancias

que pones en el alma dormida del paisaje! 




La lluvia y la poesía se llevan bien, hay en la lluvia una belleza que conmueve el alma, que nos aporta melancolía o tristeza, nostalgia. Pero no traigo aquí este asunto para hablar de su belleza, sino para decir que ¡ya está bien de agua!, que hace meses que la lluvia no nos abandona, que el campo está ahíto, que rezuma agua por todos sus costados, que los trigales están ahogados, que va a haber que sacar un santo para que deje de llover... ¡qué pechá de agua! La lluvia, como titula Isabel Martínez, en su última entrada, debe ser "de tránsito". Mirad cómo están algunos paisajes de mi pueblo: