Río Majaceite

Río Majaceite
Río Majaceite a su paso por El Bosque

26 nov. 2009

PAISAJES HUMANOS/ FOTOS CON HISTORIA

Publicada el día 26 de noviembre de 2009
Nos dejó hace ya muchos años; si Dios existe, seguro que le ha dejado poner un "corteinglés" en el Cielo. Esta es una mujer de las que grababa a fuego en el libro de la vida su derecho a ser igual que el mejor hombre, en unos tiempos en que ellas eran relegadas al rincón de la cocina, atadas a la pata de la cama y sometidas al dictado de su dueño: padre, hermano o marido.
Con carrancas, con denuedo... Teresa la Quinienta. Ella era un supermercado en los tiempos en que aún no los había. Se subía al autobús que iba a Sevilla, a las cinco de la mañana, con la cabeza llena de encargos: unos zapatos de vestir del 40, unos deportes del 42, un vestido de lunares, una gabardina, una falda azul, unas medias negras, un paraguas, un... Mil encargos que los vecinos del pueblo le hacían. Ella buscaba en las tiendas de Sevilla todo lo que le pedían. Iba sola, con su vestido morado y su cíngulo dorado, el hábito que vestía para cumplir una promesa religiosa que alguna vez hizo.

En Sevilla, miles de pasos, todo un día de idas y venidas, de comercio en comercio. Por la tarde vuelta al autobús (Los Amarillos, S.L.), cargada de paquetes, de cajas, de decenas de envoltorios y regresaba al pueblo -cien larguísimos kilómetros- con la faena hecha.
A su llegada, alguna nieta la esperaba para ayudarle a descargar y portear hasta la casa tanta cosa; hasta el cobrador y el conductor le ayudaban a veces a desalojar el maletero de aquel viejo cacharro cuyo motor roncaba y excretaba bufidos de gasoil. Cuando llegaba a su casa, Teresa convertía el pequeño salón de la entrada en un auténtico escaparate. Había de todo. Poco a poco los clientes iban llegando y retirando su encargo. A Teresa se la veía feliz y activa entre zapatos y vestidos, entre pantalones y camisas, y se acostaba por fin con el cuerpo cansado de tanto ajetreo, soñando con la Giralda y con volver al día siguiente a la misma rutina.

14 comentarios:

Menda. dijo...

Creo que estas secciones tuyas son de mis favoritas, sin menosprecio para el resto. Este post tuyo de hoy me hace reflexionar en como se han perdido las relaciones humanas, vecinales y cariñosas. Tal vez la migración hacia las grandes urbes, el apiñamiento en las ciudades, las prisas diarias, nos hagan olvidar que tenemos seres humanos al lado.

Ains, Aro, perdona, que estoy de un tonto estos días, jajajajjaja.

azul dijo...

Ya te comenté en otro post y lo repito,me encantan estas historias que cuentas que nos acercan a la gente de verdad en momentos que fueron duros...

MuCHAS gracias

joseromancorrales dijo...

Precioso recuerdo y homenaje querido Aro. Hoy han vuelto a mi anecdotas que habían pasado a las páginas del olvido. Yo recuerdo cuando Teresa empezó a " perder la cabeza", y vendía las cosas tres veces más baratas de lo que costaban. Saludos.
P.D: Estoy a la espera de lo que tú sabes...

MAMÉ VALDÉS dijo...

Como dije en su día hay muchos héroes anómimos que están ocultos más cerca de lo que creemos, por eso hay que sacarlos a la luz cuando descubrimos uno, y de alguna forma reconocerles sus trabajos, y en muchos casos son vidas enteras dedicada a los suyos de una forma desinteresada, me gusta mucho este tipo de historias aunque no conozca a sus personajes, de alguna forma es un pequeños homenaje aunque ellos no lo necesiten, un saludo.

Kassiopea. dijo...

Me encantan estas historias y descubrir gente tan interesante.

RAFAEL LIZARAZO dijo...

Hola, Aro:

Disfruto mucho éste tipo de entradas por que me transportan (tal vez) a tempos mejores, más sosegados.

Personas como ella, mereces nuestra admiración y respeto, no debemos olvidarlas.

Saludos.

TORO SALVAJE dijo...

Debía ser todo un personaje.
Descanse en paz.

Saludos.

Alfonso dijo...

Su nombre y su apodo. Cuantos apodos han sido apellidos de las personas de nuestra tierra.
Trabajadores anónimos que estás sacando a la luz. Es un digno homenaje.
Como decía una de las trece rosas, que mi nombre no se borre de la Historia. Y eso estás haciendo, enhorabuena y gracias.

Juanml dijo...

Muy noble de tu parte recordarla, al igual que otros lectores me encantan ese tipo de historias, quizas por nostalgias de pasados tiempos mejores (en mi caso pues se para la mayoria es diferente). Mis saludos.

Sonia Schmorantz dijo...

Fotos com história são sempre mais atraentes!
Obrigado pelas visitas e incentivo!
Ótimo final de semana
um abraço

luciernaga_poeta dijo...

Aro, es fascinante el universo de personas que nos traes en tus letras , en este caso la señora Teresa. Ha sido un verdadero placer conocerla.
Gracias por compartir estas historias sencillas y llenas de nobleza.
Mis saludos
Cecy

sinkuenta dijo...

Bonito homenaje a Teresa, la 'encargada' de llevar a cabo los deseos de los vecinos: la hacedora. Me parece muy hermoso la tarea de traducir los deseos en realidades, es algo que a muchos nos cuesta aprender. Saludos

Elvira Menacho dijo...

Precioso homenaje al recordar a esta mujer que nunca conocí, pero de la que siempre oí hablar. Conozco a su descendencia de Benamahoma:
• Anita La Cochura, su hija, que tenía una tienda de pueblo pequeño en Benamahoma, vendía de todo lo que hiciera falta en una casa, desde aceite a granel que salía de un bidón a fuerza de manivela, hasta lana cardada para un colchón de casadera. Yo conocí a esta Anita que era muy graciosa contando cosas.
• Isabel La Cochura, nieta de la Quinienta, que siguió con la tienda de su madre Anita.
• Ana José, biznieta de La Quinienta, a la que con cariño su madre Isabel le dice “anda que eres igualita que Teresa la Quinienta” por su afán y alegría en vender cualquier cosa.
• Y por último, conozco y quiero con locura a los tataranietos de la Quinienta, que son mis sobrinos del alma, hijos de Ana José y de mi único hermano varón José Manuel.

Elvira Menacho dijo...

Antonio... perdona, he odio tanto hablar de Teresa la Quinienta en casa de Anita La Cochura que creía que era su madre, pero no; Teresa la Quinienta era su suegra.. uff que lío, la madre de Antonio el de Alejandro. Un saludo.

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